Los que hemos creído porque no había opción,
mientras la muerte complacida miraba,
y dormimos cada noche abrazando el miedo
pues sabemos que nos faltan las palabras.
No hay litoral que reciba este sueño
ni sonrisa que cambie esta mirada
y mientras se repiten las canciones
una sirena acaba con la calma.
Los que hemos pensado que es olvido el deseo
y que de esta noche surgirá el nuevo beso
aunque el tiempo se empecine, lento,
en destruir todo lo que pensamos nuestro.
No hay redención ni alivio,
sólo humo y sólo viento, mientras los labios se parten
en tres y diez y seis:
el jodido miedo de empezar otra vez.
Los que miramos marchitar la flor,
mientras poco a poco pierde perfume y color,
sin saber si agradecer o maldecir
las estatuas blancas y los basureros de serenata.
Porque llegamos a donde no queda nada,
sino el sueño, la memoria y una que otra carcajada.
Hemos llegado al fin, de un ciclo o del porvenir,
nadie dice si persistir, o si es una muerte sin fin.
Yo sólo digo, yo sólo quiero, yo sólo pienso:
hay que salir de aquí.
2.12.15
21.4.15
También lo siento
Tus ojos se me van
de mis ojos y vuelven
después de recorrer
un páramo de ausentes.
Tu boca se me marcha
de mi boca y regresa
con varios besos muertos
que aún baten, ojalá vivieran.
Tus brazos se desploman
en mis brazos y ascienden
retrocediendo ante esa
desolación que sientes.
de mis ojos y vuelven
después de recorrer
un páramo de ausentes.
Tu boca se me marcha
de mi boca y regresa
con varios besos muertos
que aún baten, ojalá vivieran.
Tus brazos se desploman
en mis brazos y ascienden
retrocediendo ante esa
desolación que sientes.
8.3.15
Paciencia
Después de mucho tiempo aquí estoy de nuevo, sentado y tecleando como si alguien tuviera la urgencia de leerme. Sé que no es así, aminoro el paso y pienso qué era lo que quería contarles. Quizá sí, tal vez alguno de ustedes, tenga tiempo libre y pase por aquí, gracias por la paciencia.
Paciencia. Tuve una plática recién y concluimos que no queda sino ser pacientes. Sólo hace falta lograr comunicarse realmente, sin desesperar.
Según los jóvenes son los impetuosos, los que tienen prisa por beberse el mar de un trago, fondo, fondo. Pero me recuerdo hace unos años esperando, paciente y sin prisa, sentado en el piso y con las piernas cruzadas, nada más mirando como pasaba la gente mientras el sol ascendía y descendía implacable, pero yo no me movía más de lo estrictamente necesario. Debía estar ahí hasta que llegara, aunque a veces no lo hiciera; entonces volvía con las manos vacías, el pantalón sucio y más ganas que antes. Pero no importaba porque estuve ahí, y ahí estaría al día siguiente, y al otro, y al otro.
Hoy no estoy tan chavo, ya estoy más cerca de los 30 que de los 18. Me siento pero ya cansa sentarme como antes, aunque las manos sigan tan vacías y el pantalón tan sucio como antes, aunque más arrugadas (las manos y los pantalones). De las ganas mejor hablamos otro día. Hoy la paciencia es el asunto.
Mi paciencia ya es más la del hospital que otra cosa. El reloj sigue con su pasito lento pero implacable, tenemos los días contados y la cifra final no es prometedora. Implica mucha responsabilidad, locura, ganas e ingenuidad esto del día a día. No puede no dar miedo, yo no puedo evitarlo y últimamente es tanto que verlo a los ojos me es imposible. Evado al miedo, al menos lo intento, con un trago o dos (siempre más), con el humo del cigarro que termina por recordarme tantas cosas y tan pocas gratas. Lo evado al apartar las letras de mí, nada de escribir, poco que leer, evado, finto, recorto y frente a la meta dejo salir al balón por la banda. No por los compas sino a pesar de ellos. Me los llevo de corbata y no visto formal para la ocasión.
Parece que digo y digo pero llego a nada. De nuevo el miedo y la evasión, la paciencia disfrazada de indiferencia, o viceversa. No desesperen, recuerden que todo depende de la paciencia, ya llegará el sentido de este texto, ya aparecerá lo que tanto esperan, a quien tanto desean y, sin duda, de lo que se esconden. Sean pacientes, por lo pronto llega la primera recompensa: mi silencio...
* * *
Volví a ese paraje enmarcado de alcatraces. Que tristes lucían a mis ojos ahora que tu noche lo cubre todo y no como otrora, cuando presagiabas ochos horizontales y el vaivén del mar me perseguía hasta la alcoba. Esta vez no hubo rencuentro, no hubo abrazo ni palabras, nada de sonrisas. Los alcatraces no adornaban sino la ausencia, cien metros de nostalgia y olvido y dulces detalles que ahora vuelven amargos. No queda otra opción, lo cruzo y me pierdo en el empedrado, me confundo con la oscuridad, camino, sigo caminando por horas, por días y más. Sigo, trato de cruzar, paso a paso, alcatraz por alcatraz. Todo se ve negro, sigo caminando, y camino, y camino...
1.1.15
Memoria
Comenzó implacable, con la partida de esplendidas plumas comenzó el 2014. Yo no dejo de recordar a José Emilio Pacheco, incluso recuerdo el momento exacto en que me llegó un mensaje con la noticia, también a Juan Gelman, aunque no fueron los únicos.
Febrero fue de sonrisas sonorenses, ponencias sobre el Cuarteto de nos y recuerdos tapatíos.
Breve letargo hasta que comenzó el mundial, ah, pero antes Serrat cantando, o no, Poema de amor.
No era penal, pura vida tica, James, Chile, la mordida (con castigo incluido) de Suárez.
Febrero fue de sonrisas sonorenses, ponencias sobre el Cuarteto de nos y recuerdos tapatíos.
Breve letargo hasta que comenzó el mundial, ah, pero antes Serrat cantando, o no, Poema de amor.
No era penal, pura vida tica, James, Chile, la mordida (con castigo incluido) de Suárez.
21.12.14
Diciembre 2014
Ante tanta ausencia
desaparecidos, duelos, dolidos,
crimen y barbarie,
ante el silencio
de gritos nocturnos
y cantos de mariposa
ante el fin del mundo
que llega todos los días
y nos deja plantados
Ante todo
ante la nada,
esperanza, un hijo,
nuestro, tuyo,
y nada más.
desaparecidos, duelos, dolidos,
crimen y barbarie,
ante el silencio
de gritos nocturnos
y cantos de mariposa
ante el fin del mundo
que llega todos los días
y nos deja plantados
Ante todo
ante la nada,
esperanza, un hijo,
nuestro, tuyo,
y nada más.
Diciembre me gustó pa' que te...
Ojalá fuera negro. Ojalá fuera ese hombre de negro que dices soy. Ojalá fuera tantas cosas, como para ti, como para ella, como para alguien que no se apellide nostalgia y me rompa la madre cada noche, cada amanecer, cada que busco y no encuentro ese motivo para sonreír y decir: carajo, otro nuevo pinche buen día.
Pero no he jugado, creo que no he abusado, he tratado... tratado y decreto y artículo y ley... me pierdo en Jurisprudencias y textos que emanan del Pleno y de la Sala y del DOF, pero no hay sentimiento de la nación que quepa y tenga lugar entre tanto pinchurriento libro. ¿Cómo te digo entonces que cada que mis manos recorren tu cuerpo el mundo para? Tiene que ver una cosa con la otra, preguntarás y yo diré que sí, pero nada más.
Me limito a concatenar aunque quien me pide que lo haga no entienda el significado de la palabra. Comparo, concateno, rayo, subrayo y tacho, cada texto es como este sentimiento que se niega a ser publicado, erratas por aquí y por allá. Entre tus piernas y mis deseos contenidos, índices y olvidos.
Cual canción de Calamaro debería aspirar a tu odio y olvido, a conciencia pura, pero te quiero y extraño. ¿Y si yo no te llamo no apareces? ¿Y si yo no te escribo enmudeces? ¿Y de frente, sólo sonríes y me pierdes en ese perfume que no sé de dónde sacas pero que me queda, entre mis pequeñas grandes torpes narices durante días... ¿dónde estás, cómo estás? A qué hora me mandas al carajo o me dices que me quieres a pesar de todo y que el año no termina o inicia en vano...
Leerás esto y lo sabrás tuyo, o de aquel(la), pero, quizá, responderás... ¿Dónde estás, te vas?
No me odies por escribir mal y de malas. Te extraño, quien quiera que seas. Cada vez te conozco menos pero te pienso más... y al final, al puto final, como dice la canción, como pienso que sucederá aunque nunca llegue... "al final, te estaré esperando".
Pero no he jugado, creo que no he abusado, he tratado... tratado y decreto y artículo y ley... me pierdo en Jurisprudencias y textos que emanan del Pleno y de la Sala y del DOF, pero no hay sentimiento de la nación que quepa y tenga lugar entre tanto pinchurriento libro. ¿Cómo te digo entonces que cada que mis manos recorren tu cuerpo el mundo para? Tiene que ver una cosa con la otra, preguntarás y yo diré que sí, pero nada más.
Me limito a concatenar aunque quien me pide que lo haga no entienda el significado de la palabra. Comparo, concateno, rayo, subrayo y tacho, cada texto es como este sentimiento que se niega a ser publicado, erratas por aquí y por allá. Entre tus piernas y mis deseos contenidos, índices y olvidos.
Cual canción de Calamaro debería aspirar a tu odio y olvido, a conciencia pura, pero te quiero y extraño. ¿Y si yo no te llamo no apareces? ¿Y si yo no te escribo enmudeces? ¿Y de frente, sólo sonríes y me pierdes en ese perfume que no sé de dónde sacas pero que me queda, entre mis pequeñas grandes torpes narices durante días... ¿dónde estás, cómo estás? A qué hora me mandas al carajo o me dices que me quieres a pesar de todo y que el año no termina o inicia en vano...
Leerás esto y lo sabrás tuyo, o de aquel(la), pero, quizá, responderás... ¿Dónde estás, te vas?
No me odies por escribir mal y de malas. Te extraño, quien quiera que seas. Cada vez te conozco menos pero te pienso más... y al final, al puto final, como dice la canción, como pienso que sucederá aunque nunca llegue... "al final, te estaré esperando".
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