17.9.11

De libélulas


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Hoy no hay instrucciones ni mucho que decir...esta vez les comparto un proyecto del cual soy participe y del cual, si quieren, espero que ustedes lo sean también, a través de sus lecturas, sus comentarios, sus aportaciones. De la forma que ustedes lo prefieran. Ojalá lo revisen y permitan que la libélula expanda sus horizontes, tanto vuelo, tantas letras, tanto que decir merece, según mi humilde opinión, llegar más lejos cada vez.
Se trata de la Revista La Libélula, disfrútenla en este su número doce.

Aquí su página en facebook: http://www.facebook.com/RevistaLaLibelula

Hasta pronto.

26.8.11

Lloviznas y empapadas


Quién no ha sido sorprendido por aquellas nubes grises, esas que aparecen de repente y te dicen que es mejor darse prisa o que de plano mejor mejor ni salgas.
Con todo y todo, a veces es inevitable salir del techo que te cobija y comenzar tu odisea. Para estos casos existe un manual de sobrevivencia y útiles consejos, si los hay para un inminente ataque zombie, no veo por qué no ha de haberlo para el inclemente tiempo que, en el mejor de los casos, oculta aquella lagrima que por más fuerte que uno sea, a veces, no se puede mantener en el lugar ideal: otro rostro.
El paso número 1 ante las lluvias es el más simple y efectivo: coge esa cosa que cargas sin saber si es útil y ábrelo. Así de fácil. Te mantienes fresco y seco, al tiempo que la lluvia trata inútilmente de golpear tu,ahora impermeabilizado cuerpo. Benditos paraguas.
Si el paso número 1 te resulta incomprensible o inviable, ya que eres de los que prefieren no cargar y/o vivir al extremo, lo primero que debes hacer es analizar tus posibilidades. ¿Qué calzado traes?, ¿tendrás que ir brincando charcos o puedes caminar sin preocupaciones?, también una bolsa de plástico, un poco de cartón (obviamente es más probable contar con un trozo de cartón que con un paraguas), cualquier cosa que te pueda proteger lo suficiente de la lluvia, para no volver a casa como si te hubieran arrojado a una piscina con todo y tus garras, disculpen si viejas heridas son reabiertas, ya lo superaran (já!).
Algo que no debes olvidar es que, no importa cuánto corras, la lluvia es más veloz, no se trata de una sola nube que trata de fastidiarte el día, ¡son muchísimas! Lo único que conseguirás corriendo es que te estrelles, que resbales y caigas (alegrando el día del resto de los que tratan de refugiarse y mantenerse secos), o que de pronto te des cuenta que de tanto correr tu destino a quedado varios metros detrás tuyo.
Si vas acompañado, lo mejor es buscar un refugio, no importa que tan pequeño sea, la prioridad es cubrirse de la lluvia y combatir el frío con calor humano. si tu acompañante es tu pareja sentimental (léase novio, esposo, etc.), o deseas que lo sea, un lugar estrecho funcionará a la perfección para dar cause a tus anhelos. De cualquier forma pueden aprovechar el tiempo para charlar un poco, prender un cigarrillo y seguir el curso del humo con la mirada, observar las burbujitas que se forman en el suelo; incluso reir de los que aún no encuentran refugio o resbalan (recuerden no correr) es valido. La lluvia permite la sencillez.
Finalmente, la lluvia cesará un poco, podrán continuar con su camino y todo quedará en una peculiar tarde que refresca. Con suerte un arcoiris marcará el rumbo a seguir, con otro poco de suerte no volverá a llover cuando ya se encuentren lejos de aquel preciado refugio.
Hace un par de días me encontré poniendo en práctica todos estos consejos. Me agradó ver cómo la gente, más allá de molestarse, lo tomaba con alegría, como un respiro. Incluso pasé junto a un hombre, chavo o adolescente (díganle como quieran), que aminoraba el paso, que miraba al cielo y sonreía, como si fuera la primera vez que lloviera en su vida.
A fin de cuentas, creo que ese es el mejor de los consejos, aunque no siempre es el más fácil de llevar a cabo. Disfruten la lluvia, esa sensación de gotas cayendo desde una altura de miles de metros hasta llegar suavemente (ojalá, y sin hielos) a sus rostros, esa cantidad inconmensurable de liquido que limpia el cielo y te hace dar gracias por no haberte bañado ese día (dicen). Disfruten pues.
Sin duda muchos de ustedes se preguntaran qué pasa con las inundaciones, el trafico insoportable, los accidentes viales, las perdidas materiales, etc., y se preguntan bien. Sólo atino a responder que las nubes grises no nos persiguen a nosotros, no son vengativas ni tienen maldad (¿o sí?). Esas preguntas son muy validas pero no soy el responsable de darles una solución.
Pero ya se hablará, seguramente, de esto en las próximas elecciones (como se habla siempre). Yo sólo les ofrezco una guía simple, que surge de mi cabeza aún más simple, quizá les sirva, quizá hasta lo puedan combinar con el manual para sobrevivir a la invasión zombie....sólo dejé a mis ideas llover un rato.

[retomando una práctica muy sana que @Kradprro me enseñó, aclaro que la foto es mía, tomada en Coacalco...no tengo fotos "lluviosas" necesito un manual para tomarlas]

18.8.11

Predicciones

Cuando despertaste te encontrabas sola, él ya se había marchado, el reloj marcaba las 10 a.m. y el sol se filtraba a través de las viejas cortinas. Te levantaste y fuiste hasta el baño sin notar que tus sandalias se encontraban en el pie equivocado, enjuagaste tu cara y con pasos lentos te dirigiste a la cocina. La costumbre te hizo preparar dos tazas de café, las bebiste ambas, el día pintaba caluroso, te estiraste tratando de desprender así, el último vestigio de aquel sueño, de tu cuerpo.

Él llegaría tarde, era viernes y siempre lo invitaban a comer, a tomar unos tragos. Tú ya estabas en la sala, con el remoto en la mano y cambiando automáticamente los canales, de antemano sabías que no encontrarías en ellos lo que necesitabas, marcas a tu madre pero no responde el teléfono.

Vas a tu vieja computadora y revisas lo de siempre, en el correo puras cadenas que te prometen el amor eterno, no las reenvías. Las redes sociales están llenas de gente ociosa, chismosa, de pronto a todo el mundo le gusta que estés aburrida al extremo, quince pulgares, siete comentarios, la mitad de ellos no tienen nada que ver contigo. Notas una nota extraña, la publicó alguien que no conoces pero que quiso ser tu amigo, obviamente aceptaste. Abres el link y te lleva a una trivia extraña que asegura predecir el futuro. Volteas a tu alrededor para confirmar que no hay una mejor opción para pasar el tiempo y la contestas. Cargando tus resultados, gracias por esperar….

Por fin llega quien alguna vez pensaste sería tu marido, ahora lo ves más como una compañía no del todo desagradable, a excepción de cuando llega ebrio o enojado de su trabajo, al parecer hoy se juntaron ambas cosas, trae cara de pocos amigos, quiere desquitarse con alguien así que comienza a reclamar por cualquier nimiedad, lo ignoras pero eso sólo lo enfurece más, está irreconocible, maldice y destroza lo que se le pone en frente, ahora tienes miedo, retrocedes pero la pared impide que sigas haciéndolo, tratas de calmarlo, en no para de reclamarte cosas que no entiendes. Violencia combatida con violencia nunca ha sido buena idea, te saca de tus casillas y ahora compites con él, a ver quién grita más duro, tu ganas pero el ya dirige su brazo derecho a tu rostro, no logras esquivarlo. Caes al piso y esté se tiñe de rojo, recibes una patada y el llanto te vence, el no quiere escucharte, se da la vuelta y te dice que es mejor que tomes tus cosas al tiempo que golpea la pared. Seguramente es el café doble el que no te permite tranquilizarte, te levantas temblando y abres la maleta, una lagrima cubierta con sangre es la primera en empacarse.
“Prepárate para emociones fuertes” decía tu predicción.

[pequeño relato que tuve que escribir para un curso virtual que imparte la UAM]

15.8.11

Al buen entendedor pocas palabras

Puta te quiero, para que me mires.

De sangre tu recuerdo

mis manos tiemblan
roja es la culpa.

El duelo, lo cura...

  • El duelo llega al ganar y perderte

vacío y absurdo resulta no saberte.


  • Palabras en duelo

te odio te quiero,

te sueño, y no pienso

llorar tu entierro


Si te duelo sonríes, no comprendo

  • De duelo en duelo

te gano y pierdo.


Curado, efímero, espeso, me pierdo.

  • Cura esas ganas de saberte

date un tiro, pega un grito

muerde este vacío que habito

  • Mi cura,

un curado de ti.


  • Cura mis vicios antes que la virtuosa muerte me tire por el precipicio.

  • Esas curas no existen

esos curas...que cobardes,

que triste.


  • El cura promete el cielo

¿ya llegué o está más adentro?

  • Y si nos curamos con curitas corazón,

si enfermamos y perdemos la razón.

Dulce amargo, piedra, papel las cortas

chiras pelas.

  • Si la cura no es tu cuerpo

y al mirarte sólo enfermo

  • Lo-cura no tocarte.

30.6.11

TODOS LOS FUEGOS TU ALCOBA


Esto no es una salida.
-Nacho Vegas.

De entre tus torres blancas

emerjo y me hundo infinitamente;

cien mil lenguas de viaje submarino,

salado el puerto de llegada, infectado

por las olas que sangran

tus afiladas lanzas trasnochadas.

Irene lo soñó sin duda,

angustiada e impotente aquel encuentro.

Una sabana infranqueable el coliseo,

para Marco una mirada basta

y que estalle todo en llamas

no queda nada.

Jeanne en paz se marcha y marchita

su amor prefiere unas piernas bonitas

una explosión, renovando el amor

el décimo piso enmudece

quince, veinticuatro nueve.

Entreguémonos pues al destino

muerde mi silencio extirpa los miedos

Roland y el procónsul esperan

descendamos ancla escudo en mano

ya hace un año estamos condenados.

Vladimir Villalobos López


Poema ganador del XII Congreso Estudiantil de Crítica e Investigación Literarias "Culturas Híbridas" CECIL 2011


Publicado en "Revista Libélula" Número. 4 Año 1

3.5.11

Revueltas

Llegué sin esperar demasiado, como buscando un libro que me llevo a un sanitario sin agua que me hizo caminar buscando un poco de ese liquido vital que ayudaría a sortear posibles dolores estomacales futuros. Había mucha gente esperando, llegaban jóvenes muy bien vestidos, yo me acerque un poco para saber "qué regalaban", un policía me saludo y me dijo que pasara, yo respondí el saludo con algo atorado en el pescuezo y mientras me quitaba ese símbolo de pubertad atrasada camine hacía donde me indicó.

Un pequeño folleto con la programación y algunos datos extra que no leí, una encuesta y una cortina abierta para que entrará al recinto. Era un auditorio o al menos lo intentaba, demasiados tubos, paredes de frío concreto, era una obra negra que todos decidieron llamar auditorio. Es gratis, pensé y bajé algunos escalones recordando a aquella persona, que no logro recordar diciéndome que todo evento es irrepetible, ya sea por el evento en si o por los espectadores, por el lugar que decidas tomar entre el público. Mire a mi alrededor y después de ver algunas caras largas, algunos asientos ocupados y algunos cuerpos femeninos que seguramente iban acompañados decidí sentarme en la fila de en medio, en una orilla junto a una señora que ante mi saludo, sólo atinó responderle con una cosa que imaginé sería su sonrisa.

Leí la encuesta, la llené para matar el tiempo y la encuesta se le adelanto al tiempo. Eché vistazos por todos lados buscando algo que sabía no iba a encontrar, pensé buscar un lugar más alto, la pereza y el cojincito tan cómodo del asiento me hicieron desistir. De golpe y sin preámbulos lanzaron la tercera llamada y algunas luces se fundieron en ese instante.

Los jóvenes ahora con su instrumento en mano y su agudo oído puesto en la afinación adecuada ya estaban completos, ya no lucían tan raros como cuando los miré afuera del lugar. Algunos muy bien vestidos, otros un poco más desaliñados, los primeros contaban con la presencia de sus padres que orgullosamente hablaban de ellos a mis espaldas. Que ganas de hablar bien de alguno sin siquiera conocerlo, pensé comentar algo con la señora que se estiraba junto a mi pero no quise interrumpir.

Entró el único señor, ese de la batuta sólo que sin la batuta y empezaron los aplausos, yo aplaudí más por el bullicio que por su elegante forma de caminar hasta el centro del entarimado. Ya con todos los asientos ocupados por los jóvenes interpretes noté que el escenario era realmente reducido, desde mi posición no veía....no sabía que no alcanzaba a ver aunque sonaba como un piano, los del extremo opuesto se perdían los cuatro contrabajos y algo más que mi falta de altura me impidió (que feo se lee "impidió") apreciar.

Comenzaron con la clásica canción del ratón Miguelito disfrazado de mago. Para ser tan jóvenes no se escuchaban nada mal, para vestir tan formales las señoritas tampoco se veían para nada mal. Todo estaba bien. A ratos cerraba los ojos y escuchaba aquel rostro concentrado con el violín bajo el hombro, aquella sonrisa de con tono de chelo me hizo pensarte inevitablemente. El piano invisible me recordó mi corta relación con la música, no lo veía, sólo escuchaba su eco detrás de aquel muro que nos separaba, es mi ineptitud pensé.

Las demás piezas siguieron siempre con una introducción de escandalosos aplausos y una conclusión similar. Yo cambio de posición y me concentro en la violinista, la miro tan fijamente que aún parpadeo y su silueta se asoma por mis parpados. Trato de que mi concentración en ella acabe con su concentración en la nota, en la cuerda, en sus partituras, no lo logro. Ella sigue impasible y yo me canso de mirarla con ese fin, ahora es simple y a la vez compleja admiración.

Aplaudo al principio sin ganas, un par de veces para que note que no me impresiono tan fácilmente, ella me mira, pienso que me mira y no mira nada. Mi estrategia falla. La siguiente ronda de aplausos lo mismo, ya en el segundo tiempo, diría alguien que no sabe de conciertos pero entiende un poco de fútbol, cambio de estrategia, ahora seré efusivo, aplaudiré lo más fuerte que mis manos largas, mas no de pianista, me permitan, mi alegría por sus notas causaran alguna reacción en ella y de paso en la señora de a lado que ya agacho la cabeza, cerró los ojos y sin pena sueña con ese baile de la juventud que alguna vez soñó y que tal vez tuvo, en el salón México quizás.

Acaba la pieza musical, se levantan y yo aplaudo como loco, alcanzo a ver una sonrisa dirigida a la zona en la que me encuentro, volteo hacía atrás para no adjudicarme esos dientes blancos absurdamente, no hay nadie más y en realidad hay muchos detrás de mi pero igualmente me los adjudico. La absurdidad no siempre es tan mala.

Así sigue el día y después del retorno del señor de la batuta un par de veces su saco se ha llenado de sudor y la función se da por concluida no sin una ultima ronda de aplausos, ahora acompañados de gritos y un par de chiflidos cortesía de los que dominan ese arte (menospreciado injustamente por la música "seria"). Esos dientes que ahora me resultan familiares se muestran, ya no es el chelo pero igual te pienso, como con el corno y la tuba, como con los platillos y las flautas. Me pongo de pie y aplaudo y sigo aplaudiendo hasta que no siento las manos, no dejo de mirar a esa señorita con el violín en la mano y la mirada siempre dirigida absurdamente a mi. Yo sonrío y ella también lo hace. Ella no me mira y yo tampoco la enfoco realmente. Aplaudo y los dos dejamos escapar una lágrima.

A veces a uno no lo escucha quien quisiera, a veces la música a solas no sabe igual. El tipo que aplaude no es el preciso, la señorita que miro hasta el hartazgo no eres tú. Mientras el platillo escupe sus ultimas vibraciones lo entiendo y ella lo entiende. La función se acaba y hemos de salir y volver a casa, ella a extrañar al que promete y no acude, yo a parpadear y soñarte menos lejos, tan hermosa y con un violín en la mano.

Para variar el metro está atascado de soledades.